NOTA A LA EDICIÓN CORREGIDA DE 1928

Los cambios introducidos en la segunda edición del primer volumen de esta obra (The Orient and Greece) son pocos y de escasa importancia y, en consecuencia, no consideré necesario añadir cosa alguna al prefacio que aparece al comienzo de ese volumen. En cambio, las modificaciones introducidas en la segunda edición del volumen segundo son más numerosas y exigen una nota explicatoria.

Esos cambios tienen por objeto satisfacer a mis críticos y, por supuesto, a mis lectores. Como es natural, no he podido descartar hechos determinados por las investigaciones arqueológicas y reemplazarlos con las afirmaciones intuitivas y novelescas deseadas por uno de mis críticos. Tampoco he considerado oportuno transformar mi historia de Roma en un tratado sobre la constitución y el derecho romanos. Por último, en ciertas cuestiones debatidas no he querido mudar de opinión, aunque algunos críticos poco informados hayan tomado, temerariamente, mis concepciones por errores.

Sin embargo, ha sido posible y me ha parecido conveníante corregir algunas aserciones erróneas, algunas expresiones ambiguas que pudieran tomarse por errores o falsear la comprensión del texto, y, sin que le reste importancia por decirlo al final, algunas erratas. Agradezco mucho a mis críticos el haberme llamado la atención con respecto a esos pasajes. En especial, expreso mi gratitud al profesor F. B. Marsh, de la Universidad de Texas, quien ha tenido la gentileza de sugerir (a mi pedido) una lista de los cambios que resultarían de utilidad en el texto de mi libro. Le ruego que acepte mi más sincero agradecimiento.


ADDENDA

Este libro de Rostovtzeff vale por sí mismo; los descubrimientos y las investigaciones recientes no le han restado actualidad. Sin embargo, hay hallazgos nuevos y la investigación exhaustiva ha resultado fructífera. Se indican a continuación los detalles más importantes a ese respecto.

Página 7. Los nuevos descubrimientos demuestran que la prehistoria de Italia fue mucho más compleja que el sencillo esquema de las invasiones indoeuropeas trazado en el texto. Cf. M. Pallotino, The Etruscans (trad. Pelican, 1955); E. Pulgram, The Tongues of Italy (Harvard University Press, 1959).

Página 11. En la edad de bronce (mediados del segundo mile­nio a. C. ) ya vivían hombres en las colinas de Roma. Las nuevas excavaciones prueban la existencia de chozas (del mismo tipo de las representadas por las urnas cinerarias) en las dos cimas del Palatino durante la primera fase de la edad de hierro, es decir, aproximadamente en el siglo VIII a. C. Las tumbas descubiertas debajo del Foro, sobre el Esquilino y sobre el Quirinal pertenecen al mismo período. Por otra parte, el Capitolio estaba 'habitado hacia el 600 a. C. y lo que habría de ser el Foro se empedró por vez primera hacia el 575. De este modo, el testimonio arqueológico confirma la fecha tradicional (753 a. C. ) de la instalación de "Rómulo" en el Palatino. Pero una interpretación más exacta de los datos arqueológicos y su correlación con la primitiva historia de Roma resultan muy difíciles, de modo que los problemas conexos se discuten acaloradamente. C. E. Gjerstad, Early Rome (vols. I M, 1953 y ss., en curso de publicación); R. Bloch, The Origins boj Rome (1960); A. Boethius, The Golden House of Ñero (University of Michigan Press, 1960), pp. 3 y ss. y 186; también, publicaciones de divulgación: S. M. Puglisi, "Huts on the Palatine Hill", Antiquity XXIV (1950), pp. 119-121; E". Gjerstad, "Stratigraphic Excavations in the Forum Romanum", Antiquity XXVI (1952), pp. 60 y ss.

Página 31. La hipótesis de que Quirino era un dios sabino no puede defenderse. Cf. G. Dumézil, L'héritage indo-européen á Rome (1949), pp. 87 y ss.

Página 8Jf. En la época de Cicerón solo se consideraba parte de la nobleza, esto es, de las mejores familias de Roma, a los descendientes directos de un cónsul (o dictador, o censor). Cf. H. H. Scullard, Román Politics (Londres, 1951), p. 6.

Páginas 84-85. Las relaciones entre tribus y centurias cons­tituyen un problema muy complejo, indebidamente simplificado en el texto. Cf. H. Hill, The Román Middle Class in the Republican Period (1952), pp. 38 y ss.; E. S. Stavely, "The Constitution of the Román Republic", Historia V (1956), pp. 112 y ss.

Página 96. Es probable que nunca llegaran a existir las tribus supernumerarias. Al final, los itálicos fueron distribuidos entre las tribus primitivas. Cf. L. R. Taylor, The Voting Districts of the Román Republic (Papers and Monographs of the American Acádemy in Rome, vol. XX, Roma, 1960), pp. 101 y ss.

Página 135. Los testimonios conservados no dan asidero para la inferencia de que Ático se dedicara al negocio editorial. Cf. G. Pasquali, Storia della tradizione (1934), p. 399.

Página 156. Acerca de la situación constitucional de Augusto, véase la compilación de opiniones recientes en una revista alemana, Historia I (1950), pp. 408 y ss., que contiene un artículo de G. E. F. Chilver.

Páginas 156 y 175. Una inscripción descubierta recientemente (la Tabula Hebana) demuestra que por lo menos hasta el 19 d. C. cónsules y pretores eran elegidos por el pueblo, pero el pueblo solo podía rechazar o aceptar los candidatos oficiales, seleccionados con anterioridad por votación de un comité de senadores y caballeros. Este complejo sistema eleccionario fue introducido por Augusto. Cf. J. H. Oliver y R. E. A. Palmer, "Text of the Tabula Hebana", American Journal of Philology LXXV (1956), pp. 225 y ss.

Página 173. Calígula exigió que se le rindieran honores divinos, pero no se proclamó "Señor y Dios".

Página 218. Nuevos hallazgos prueban que la tarifa de Diocleciano también estaba en vigencia en Occidente. Cf. T. Frank, An Economic Survey of Ancient Rome, vol. V (1941), pp. 305 y ss., W. L. Westermann, The Age of Diocletian (Nueva York, The Metropolitan Museum, 1953), p. 29.

Página 258. El imperio hitita no fue destruido por los tracios, sino por los "pueblos del mar". Cf. O. R. Gurney, The Hittites (Pelican, 1961).

ELIAS  J. BICKERMAN